Si preguntamos a cualquier aficionado de Harry Potter qué eran realmente los Horrocruxes y por qué eligió esos objetos, la mayoría responderá algo parecido: "objetos donde Voldemort escondió fragmentos de su alma para ser inmortal".
Y no estarán equivocados.
Pero esa explicación apenas rasca la superficie.
Los Horrocruxes son mucho más que siete objetos repartidos por el mundo mágico. Son el reflejo de la obsesión de Tom Riddle por vencer a la muerte, de su enorme ego y de la idea que tenía de sí mismo como el mago más extraordinario de la historia.
Las películas explican de forma muy rápida qué son y muestran cómo Harry y sus amigos los van destruyendo. Sin embargo, apenas dedican tiempo a responder una pregunta mucho más interesante.
¿Por qué esos siete Horrocruxes?
Porque Voldemort nunca elegía nada al azar.
Cada objeto escondía una parte de su historia.
El número mágico
Antes incluso de convertirse en Lord Voldemort, Tom Riddle ya sentía una profunda fascinación por la magia más antigua.
Durante su etapa como alumno de Hogwarts llegó a preguntar al profesor Slughorn si era posible dividir el alma más de una vez.
No buscaba crear un único Horrocrux.
Quería ir mucho más lejos.
En el mundo mágico, el número siete siempre ha sido considerado el más poderoso y simbólico. Siete cursos en Hogwarts. Siete jugadores por equipo en el Quidditch. Siete plantas en la mayoría de las competiciones mágicas tradicionales.
Voldemort interpretó que dividir su alma en siete partes lo convertiría en un ser prácticamente invencible.
Lo que nunca imaginó fue que esa obsesión terminaría convirtiéndose en su mayor debilidad.
El diario de Tom Riddle: el recuerdo de quien siempre quiso ser especial
El primer Horrocrux conocido fue el diario que perteneció al joven Tom Riddle.
No era un simple cuaderno. Conservaba parte de la personalidad del adolescente brillante que había conquistado Hogwarts décadas atrás.
Gracias a él, Voldemort consiguió abrir de nuevo la Cámara de los Secretos utilizando a Ginny Weasley como instrumento.
Fue destruido por Harry con un colmillo de basilisco, pero su importancia iba mucho más allá.
Era la primera prueba de que Voldemort había conseguido hacer algo que muy pocos magos se habían atrevido siquiera a imaginar.
El anillo de los Gaunt: la conexión con Salazar Slytherin
Pocas personas eran tan importantes para Voldemort como sus propios antepasados.
El anillo pertenecía a la familia Gaunt, descendientes directos de Salazar Slytherin.
Para Tom Riddle representaba la prueba de que su sangre estaba destinada a la grandeza.
Sin embargo, escondía otro secreto. La piedra engastada en el anillo era, en realidad, la Piedra de la Resurrección, una de las tres Reliquias de la Muerte.
Cuando Dumbledore encontró el anillo cometió un error del que siempre se arrepentiría.
Movido por el deseo de volver a ver a su familia, se lo puso en el dedo sin sospechar que estaba protegido por una poderosa maldición.
Aquella decisión acabaría costándole la vida.
El guardapelo de Slytherin: el Horrocrux que inició el principio del fin
Si existe un Horrocrux especialmente importante para la historia, ese es el guardapelo de Salazar Slytherin.
Fue el primero que alguien intentó destruir.
Y ese alguien no fue Harry. Fue Regulus Black.
Muchos años antes de que Harry descubriera la existencia de los Horrocruxes, Regulus comprendió que Voldemort había ocultado parte de su alma en aquel medallón y decidió sacrificar su vida para arrebatárselo.
Aunque no consiguió destruirlo, fue el primero en demostrar que el Señor Tenebroso no era invencible.
Su sacrificio marcó el comienzo de la caída de Voldemort.
La copa de Hufflepuff: un trofeo convertido en arma
Tom Riddle siempre sintió una enorme fascinación por los fundadores de Hogwarts.
Por eso buscó objetos que hubieran pertenecido a cada uno de ellos.
La copa de Helga Hufflepuff terminó escondida en la cámara acorazada de Bellatrix Lestrange, protegida por algunos de los encantamientos más poderosos del mundo mágico.
Su destrucción a manos de Hermione simboliza también la evolución de un personaje que, durante toda la saga, demuestra que el conocimiento puede ser tan poderoso como la magia.
La diadema de Ravenclaw: el secreto escondido en Hogwarts
Paradójicamente, uno de los Horrocruxes permaneció durante años a pocos metros de miles de estudiantes sin que nadie sospechara su existencia.
La diadema perdida de Rowena Ravenclaw descansaba en la Sala de los Menesteres, el mismo lugar que Harry había utilizado en varias ocasiones.
Solo Voldemort creyó haber descubierto aquel escondite.
Lo que nunca imaginó fue que generaciones enteras de alumnos ya conocían aquella habitación mucho antes que él.
Fue destruida durante la Batalla de Hogwarts por el Fuego Maldito invocado por Vincent Crabbe.
Nagini: el único ser vivo elegido voluntariamente
A diferencia del resto, Nagini no era un objeto.
Era una serpiente.
Y probablemente el Horrocrux más peligroso de todos.
Al convertir a un ser vivo en recipiente de su alma, Voldemort reforzó todavía más el vínculo que existía entre ambos.
También dejó claro hasta qué punto había perdido cualquier límite moral.
Nagini acompañó al Señor Tenebroso durante años y terminó convirtiéndose en una extensión de su propia voluntad.
Fue Neville Longbottom quien acabó con ella utilizando la Espada de Gryffindor, protagonizando uno de los momentos más heroicos de toda la batalla final.
Harry Potter: el Horrocrux que nunca debía existir
El último Horrocrux fue también el único completamente accidental.
Cuando Voldemort intentó asesinar al pequeño Harry en Godric's Hollow, el hechizo rebotó debido al sacrificio de Lily Potter.
La violencia de la explosión mágica hizo que un fragmento del alma de Voldemort se desprendiera y encontrara refugio en el único ser vivo que permanecía allí.
Harry.
Voldemort jamás supo que había creado un séptimo Horrocrux.
Y ese error acabaría convirtiéndose en la causa de su derrota.
Porque cuando lanzó el Avada Kedavra en el Bosque Prohibido, no destruyó a Harry.
Destruyó el fragmento de su propia alma que llevaba viviendo dentro de él desde que era un bebé.
La obsesión que terminó condenándolo
Más que objetos mágicos, los Horrocruxes representan el mayor error de Voldemort.
Creía que fragmentar su alma lo hacía más fuerte.
En realidad, cada nuevo Horrocrux lo hacía menos humano.
Mientras Harry encontraba poder en el amor, la amistad y el sacrificio, Voldemort depositaba toda su confianza en reliquias, tesoros y símbolos de poder.
Esa diferencia explica por qué uno fue capaz de inspirar lealtad incluso en los momentos más difíciles, mientras el otro solo conseguía seguidores movidos por el miedo.
Las películas mostraron la búsqueda de los Horrocruxes como una emocionante aventura.
Los libros, en cambio, revelan algo mucho más profundo.
Cada uno de ellos era una pieza del pasado de Tom Riddle.
Un recuerdo de su obsesión por la inmortalidad.
Y, al mismo tiempo, una prueba de que cuanto más intentaba escapar de la muerte, más cerca estaba de perder aquello que lo hacía humano.
Quizá por eso la nueva serie tiene una oportunidad única.
No solo de explicar qué eran los Horrocruxes.
Sino de mostrar que, mucho antes de convertirse en los objetos que Harry debía destruir, ya contaban la historia del hombre que acabó destruyéndose a sí mismo.