Cuando se habla de los grandes antagonistas de Harry Potter, los nombres que suelen aparecer son Voldemort, Bellatrix Lestrange o Dolores Umbridge. Sin embargo, existe otro personaje que, sin lanzar un solo hechizo oscuro, estuvo a punto de provocar una catástrofe para el Mundo Mágico: Cornelius Fudge, el Ministro de Magia.
La nueva serie de HBO acaba de confirmar que el personaje será interpretado por Bertie Carvel, una incorporación que podría ser mucho más importante de lo que parece. La adaptación televisiva tendrá una oportunidad única para desarrollar a uno de los personajes más complejos —y malinterpretados— de toda la saga.
Un político que nunca quiso ser un héroe
Cornelius Fudge aparece por primera vez en Harry Potter y la Cámara Secreta, cuando visita Hogwarts para detener a Rubeus Hagrid tras la reapertura de la Cámara de los Secretos.
Desde el principio transmite una imagen de político afable, cercano e incluso algo torpe. No parece un hombre malvado, sino alguien que intenta mantener la estabilidad del Ministerio de Magia en tiempos difíciles. Ese es precisamente el rasgo que define todo su personaje. Fudge no actúa movido por la crueldad, sino por el miedo.
El mayor error de la historia del Ministerio
La transformación del personaje comienza al final de Harry Potter y el Cáliz de Fuego.
Cuando Harry asegura haber presenciado el regreso de Lord Voldemort y Albus Dumbledore confirma su testimonio Fudge se niega rotundamente a aceptarlo.
¿Por qué?
Porque reconocer la verdad significaría admitir que el Ministerio ha fracasado en su principal misión: proteger a la comunidad mágica.
En lugar de prepararse para una nueva guerra, decide desacreditar públicamente a Harry y a Dumbledore, utilizando el periódico El Profeta para difundir la idea de que ambos están mintiendo con el objetivo de desestabilizar el gobierno. Su reacción recuerda a muchos episodios históricos en los que dirigentes políticos han preferido negar una crisis antes que afrontar el coste de reconocerla.
Más humano que un villano
Las películas mostraron esta etapa de forma bastante resumida, pero los libros ofrecen una visión mucho más interesante. Fudge nunca llega a convertirse en un Mortífago ni comparte las ideas de Voldemort. Al contrario. Tiene verdadero miedo de él. Ese miedo condiciona todas sus decisiones.
Incluso cuando encarcela a Stan Shunpike sin pruebas o permite que Dolores Umbridge adquiera un poder casi absoluto en Hogwarts, lo hace convencido de que preservar la imagen del Ministerio es más importante que afrontar la realidad.
En ese sentido, Cornelius Fudge representa una amenaza muy distinta a la de Voldemort: demuestra cómo la incompetencia, la cobardía y el exceso de confianza en las instituciones pueden resultar tan peligrosos como la magia oscura.
Uno de los grandes beneficios del formato televisivo será precisamente el desarrollo de personajes como Fudge.
En las películas aparece de forma esporádica y muchas de sus decisiones parecen repentinas.
Sin embargo, las novelas muestran una evolución mucho más gradual.
Al principio mantiene una relación cordial con Dumbledore e incluso consulta frecuentemente su opinión. Poco a poco, la presión política, el miedo a perder el cargo y la manipulación de asesores como Lucius Malfoy van erosionando su criterio hasta convertirlo en un dirigente incapaz de distinguir entre la estabilidad y la negación de la realidad.
Ese deterioro psicológico podría convertirse en uno de los arcos más interesantes de la serie.
Bertie Carvel tiene un reto diferente
La elección de Bertie Carvel también parece especialmente acertada.
El actor británico ha construido buena parte de su carrera interpretando personajes con gran complejidad psicológica y una presencia escénica capaz de combinar autoridad, vulnerabilidad y ambigüedad moral. Precisamente eso necesita Cornelius Fudge.
No debe parecer un villano desde su primera aparición. Debe transmitir la imagen de un dirigente razonable cuya obsesión por conservar el poder termina llevándolo a tomar decisiones desastrosas.
