Hay ideas más peligrosas que cualquier maldición imperdonable.
Ideas que, pronunciadas con convicción, son capaces de justificar cualquier decisión, cualquier sacrificio e incluso cualquier atrocidad.
En el universo de Harry Potter, ninguna representa mejor ese peligro que una sencilla frase:
"Por el bien común."
Durante años fue el lema de Gellert Grindelwald, el mago oscuro que sembró el terror en Europa antes de la llegada de Voldemort. Pero lo que muchos olvidan es que esa filosofía no nació únicamente de él.
Hubo un tiempo en el que Albus Dumbledore también creyó en ella.
Y comprender ese pasado es fundamental para entender por qué el director de Hogwarts se convirtió en el hombre que conocemos.
Antes de ser enemigos, fueron dos jóvenes brillantes
Cuando pensamos en Dumbledore y Grindelwald solemos imaginarlos como rivales destinados a enfrentarse.
Sin embargo, la realidad fue muy diferente.
En su juventud, ambos compartían una inteligencia extraordinaria, una curiosidad casi insaciable y la convicción de que el mundo mágico necesitaba cambiar.
Su amistad fue intensa y breve, pero suficiente para dar forma a un proyecto que cambiaría sus vidas para siempre.
Los dos soñaban con una sociedad en la que los magos dejaran de esconderse y asumieran el liderazgo sobre los muggles.
No hablaban de exterminio.
No hablaban de destrucción.
Hablaban de gobernar.
Y lo justificaban con una idea que, sobre el papel, podía parecer incluso razonable.
Todo sería...
Por el bien común.
Cuando una buena intención se convierte en una idea peligrosa
Ahí reside la grandeza del personaje de Grindelwald.
No buscaba el caos por el caos.
No disfrutaba destruyendo sin sentido.
Creía sinceramente que el mundo sería mejor si las personas más capaces tomaban el control.
Desde su punto de vista, los magos poseían conocimientos, habilidades y poder suficientes para dirigir la sociedad y evitar guerras, pobreza o sufrimiento.
El problema aparecía cuando alguien se oponía.
Porque si el objetivo final era crear un mundo mejor...
¿No estaba justificado sacrificar a unos pocos?
Es una pregunta que ha aparecido una y otra vez a lo largo de la historia de la humanidad.
Y Harry Potter la plantea de una forma sorprendentemente madura.
El mayor error de Dumbledore
Uno de los aspectos más fascinantes del personaje de Albus Dumbledore es que nunca ocultó sus errores.
De joven compartió muchas de las ideas de Grindelwald.
Ambos hablaban durante horas sobre las Reliquias de la Muerte, sobre el futuro del mundo mágico y sobre el lugar que debían ocupar los magos.
Pero aquella ilusión terminó de la peor manera posible.
El enfrentamiento entre Albus, Aberforth y Grindelwald acabó con la muerte de Ariana Dumbledore. Y aunque nunca se llegó a saber quién lanzó el hechizo que la mató, Albus cargó con ese sentimiento de culpa durante el resto de su vida.
Muchos lectores consideran que ese instante fue el verdadero nacimiento del Dumbledore que conocemos.
El hombre que aprendió que incluso las ideas más nobles pueden convertirse en una tragedia cuando el poder se sitúa por encima de las personas.
"Por el bien común" dejó de ser un lema para convertirse en una advertencia
Después de la muerte de Ariana, Dumbledore se alejó completamente de la ideología que había compartido con Grindelwald.
Nunca volvió a buscar poder.
Rechazó convertirse en Ministro de Magia por miedo a repetir los errores de su juventud.
Y pasó el resto de su vida defendiendo valores completamente opuestos: la libertad de elección, la compasión y la importancia del amor por encima del poder.
Por eso resulta tan irónico que el mago más poderoso de su tiempo fuera precisamente quien menos interés tenía en gobernar.
Había aprendido una lección que muy pocos comprenden.
No siempre quien puede mandar es quien debe hacerlo.
La influencia de ese pasado en toda la saga
Muchos de los comportamientos de Dumbledore solo cobran sentido cuando recordamos su historia con Grindelwald.
Su tendencia a confiar en los demás.
Su rechazo a imponer decisiones.
Su insistencia en que las elecciones son más importantes que las capacidades.
Incluso su manera de tratar a Harry está marcada por aquel pasado.
Dumbledore sabe lo fácil que resulta creer que uno está actuando por un bien superior.
Y precisamente por eso intenta que Harry elija siempre por sí mismo.
No quiere crear un sucesor.
Quiere evitar que alguien vuelva a cometer sus mismos errores.
¿Era Grindelwald realmente peor que Voldemort?
Es una pregunta que divide a los aficionados.
Mientras Voldemort gobernaba a través del miedo y buscaba la inmortalidad por encima de todo, Grindelwald se presentaba como un revolucionario con una causa.
| Johnny Depp como Gellert Grindewald en Animales Fantásticos |
Eso hacía que muchos lo siguieran convencidos de estar construyendo un futuro mejor.
Y quizá ahí resida su mayor peligro.
Los monstruos más evidentes son fáciles de identificar. Los más difíciles son aquellos que consiguen convencerte de que todo lo que hacen está justificado.
Una historia que la serie tiene la oportunidad de explorar
Las películas de Harry Potter apenas dedicaron tiempo a explicar el pasado compartido de Dumbledore y Grindelwald.
Fue en las entregas de Animales Fantásticos donde empezamos a descubrir parte de esa relación, aunque muchos aspectos quedaron todavía sin desarrollar.
La nueva serie tiene una oportunidad extraordinaria para sembrar desde las primeras temporadas pequeños detalles sobre el pasado de Dumbledore, permitiendo que los espectadores comprendan mejor por qué toma determinadas decisiones y por qué carga con un peso emocional que rara vez expresa.
Porque entender el significado de "por el bien común" es entender una de las ideas centrales de toda la saga.
Harry Potter nunca nos enseñó que el poder corrompe.
Nos enseñó algo mucho más inquietante.
Que las peores decisiones casi nunca se toman por maldad.
A veces se toman creyendo, sinceramente, que son lo mejor para todos.
Y pocas frases resumen mejor ese peligro que aquellas tres palabras que marcaron para siempre la vida de dos de los magos más brillantes de su generación:
Por el bien común.