Cuando pensamos en criaturas mágicas importantes dentro del universo de Harry Potter, solemos recordar a los hipogrifos, los dragones o incluso a los dementores. Sin embargo, hay una especie que solemos pasar por alto y que tiene una historia muy compleja y fascinante: los centauros.
Las películas nos mostraron algunas pinceladas de su cultura, especialmente a través de Firenze y de sus encuentros con Harry en el Bosque Prohibido. Pero quienes hemos leído los libros sabemos que gran parte de la historia de los centauros quedó fuera de la adaptación cinematográfica.
Mucho más que criaturas del Bosque Prohibido
En las películas, los centauros aparecen principalmente como habitantes misteriosos del Bosque Prohibido. Los vemos observando desde la distancia, hablando sobre las estrellas y manteniéndose al margen de los asuntos humanos.
Pero los libros profundizan mucho más en su sociedad.
Descubrimos que poseen una cultura propia, normas estrictas y una visión del mundo completamente diferente a la de magos y brujas. Consideran que los humanos suelen ser impulsivos, arrogantes y demasiado obsesionados con controlar su propio destino.
Para los centauros, el futuro está escrito en los movimientos de los astros, y tratar de alterarlo puede tener consecuencias imprevisibles.
Sin embargo, lo más interesante es que los centauros no se consideran simples criaturas mágicas. De hecho, muchos de ellos se sienten ofendidos cuando los magos los clasifican junto a otras especies mágicas. Poseen una inteligencia, una organización social y una tradición cultural tan antiguas que se ven a sí mismos como iguales (o incluso superiores) a los humanos.
Firenze: el centauro que desafió a su propia especie
La primera película nos presenta a Firenze cuando salva a Harry de Voldemort en el Bosque Prohibido. Sin embargo, las consecuencias de aquella decisión apenas se exploran en el cine.
En los libros, intervenir para ayudar a Harry provoca que Firenze sea visto como un traidor por gran parte de su manada. Muchos centauros consideran que se ha involucrado demasiado en asuntos humanos y que ha roto una tradición que llevan siglos respetando.
Este conflicto convierte a Firenze en uno de los personajes más interesantes de toda la comunidad de centauros, porque representa a alguien dispuesto a desafiar las normas de su propio pueblo cuando cree que es lo correcto.
El profesor que las películas eliminaron
Probablemente la mayor diferencia entre libros y películas llegue en La Orden del Fénix.
Tras la marcha de la profesora Trelawney, Dumbledore decide contratar a Firenze como nuevo profesor de Adivinación en Hogwarts.
Esta decisión resulta muy sorprendente, ya que nadie podía esperarse a un centauro dando clases dentro del castillo.
Mientras que Trelawney enseñaba una versión bastante tradicional de la asignatura, basada en bolas de cristal, hojas de té y predicciones ambiguas, Firenze ofrecía una visión completamente distinta. Sus clases se centraban en la observación de las estrellas, los movimientos planetarios y la interpretación de patrones cósmicos que podían tardar años en manifestarse.
Muchos alumnos encontraban sus explicaciones difíciles de entender, pero precisamente esa era la idea: los centauros veían el tiempo de forma diferente a los humanos.
Lamentablemente, toda esta trama desapareció de las películas.
Como consecuencia, los espectadores que solo vieron el cine nunca llegaron a conocer una de las facetas más interesantes del personaje.
Una oportunidad perdida para desarrollar Hogwarts
La etapa de Firenze como profesor también servía para mostrar algo muy importante: Hogwarts era mucho más abierto y diverso de lo que parecía.
La decisión de Dumbledore de contratar a un centauro demostraba que estaba dispuesto a desafiar los prejuicios del mundo mágico cuando consideraba que alguien tenía algo valioso que enseñar. Aunque Dumbledore ya había demostrado esto al contratar a Remus Lupin como profesor de Defensa contra las Artes Oscuras sabiendo que era un licántropo, con esta nueva decisión se reafirma en su idea de que toda persona o criatura puede resultar útil para la enseñanza.
Además, permitía explorar mejor la discriminación que sufrían muchas criaturas mágicas por parte de la sociedad.
Este es uno de esos ejemplos donde el formato de serie puede ofrecer mucho más que las películas.
Los centauros y la guerra contra Voldemort
Otro detalle que pasó desapercibido es la evolución de los centauros durante la guerra.
Durante gran parte de la historia intentan mantenerse neutrales y alejados de los conflictos humanos. Sin embargo, cuando la Batalla de Hogwarts llega a su momento más crítico, terminan participando en la defensa del castillo.
Este momento tiene un enorme valor simbólico.
Representa el momento en que una comunidad que siempre había rechazado involucrarse en asuntos humanos comprende que existen amenazas tan grandes que afectan a todos por igual.
Las películas muestran esta participación de forma muy breve, mientras que los libros permiten entender mejor el significado de su decisión.
Lo que la serie puede recuperar
Si la nueva serie pretende ser más fiel a los libros, los centauros deberían ser otro de los grandes beneficiados.
No solo porque podrían tener más tiempo en pantalla, sino porque por primera vez podríamos ver desarrollados aspectos fundamentales de su cultura: su relación con el destino, sus conflictos internos, la expulsión de Firenze y su etapa como profesor de Hogwarts.
Porque los centauros nunca fueron simples criaturas mágicas: eran una de las civilizaciones más antiguas, sabias y complejas de todo el universo de Harry Potter.
Y las películas, aunque consiguieron capturar parte de su misterio, nunca llegaron a desarrollar su historia completa.